English summary: The Times Are a-Changin’, Bob Dylan sang a few decades ago. A song that could easily have been chanted today, in these times of social changes. Dylan’s famous song illustrates that as society changes, its culture changes too. This is the subject of a new project launched in Madrid, called ‘PECAM’. Its aim is to contribute to the vitality of Madrid’s cultural life, and support it through these troubled times.

Parece que últimamente todo a nuestro alrededor está cambiando, y muchas cosas no precisamente para bien: Sanidad, Educación, Justicia, Servicios Sociales, y también, la Cultura. Pero, para no ser tildados de pesimistas, aún no está todo perdido, ya que existen iniciativas que pretenden adaptar “lo cultural” y su oferta a los tiempos que corren.

Una de las más importantes que se han llevado a cabo recientemente en el territorio nacional ha sido el PECAM (Plan Estratégico de Cultura del Ayuntamiento de Madrid), del cual ya os hablamos aquí hace varias semanas.

Hacia finales del mes de octubre tuvieron lugar en el Palacio de Cibeles algunas de las mesas organizadas con motivo de las jornadas de reflexión de este ambicioso proyecto, a las que tuvimos el placer de asistir, junto con representantes de algunos de los principales centros culturales españoles. Entre ellos, José Guirao, director de La Casa Encendida, cliente de Base.

Después de estas jornadas, queríamos aprovechar para compartir con vosotros una serie de reflexiones:

Está claro que todos -o casi todos- los centros aspiran a convertirse en ágoras culturales; espacios multidisciplinares que ofrezcan enfoques que excedan la concepción clásica de “lo cultural”, ampliando sus horizontes hacia “lo social” y sus problemáticas.

Esta aspiración, llevada a cabo con un mayor o menor éxito por parte de estas instituciones, implica tremendos retos que enfrentan a los centros al difícil contexto actual: ¿cómo acceder a un nuevos públicos?, ¿cómo atraer a los adolescentes y servir al ciudadano inicialmente no interesado por propuestas culturales?, ¿cúal es el futuro de estos centros si no son capaces de captar la atención de otros sectores de la población?.

Es por esta razón que el paradigma de “oferta cultural” se está desvaneciendo en favor del concepto de “capital cultural”, en la cual es inevitable redireccionarse hacia lo social y ampliar los horizontes de programación. Pero, como en toda transición, encontramos de nuevo la eterna fricción entre cultura y poder (entendido como establishment). ¿Cómo hacer de la oferta cultural algo sostenible?, ¿cómo, en relación con la intención de convertirse en espacios de reflexión y, por qué no, crítica, exponer problemáticas sociales sin “morder la mano que te da de comer”?, ¿cómo afrontar el difícil horizonte al que se enfrentan muchos de estos centros en el contexto económico actual?.

Un aspecto interesante vino a través de una intervención, que interrogó a los ponentes en relación a la centralidad de la oferta cultural. El caso de Madrid es particularmente relevante ya que, en un tramo de apenas un kilómetro de distancia se agrupan varios de los principales centros culturales de la capital.

Está claro que el futuro pasa inevitablemente por una capacidad de trabajo en red, muchas programaciones itineran ya de manera habitual para asegurar la sostenibilidad de grandes inversiones, tanto a nivel económico como personal. Estas itinerancias se vienen implementando en algunos de los grandes (y no tan grandes) centros de arte y cultura desde hace tiempo, pero algunos de estos centros acarrean una serie de carencias, como la incapacidad de desarrollar proyectos específicos a partir de su entorno más cercano (con las notables excepciones de espacios como Centre d’Art La Panera, Matadero o La Casa Encendida), y que esperamos sea el patrón a seguir en futuros modelos de gestión como el que afrontará el nuevo director del centro Conde Duque. Algunos, sin por ello restar valor a su apuesta, por pura necesidad (como en el caso Centre d’Art La Panera) y otros por una decisión consciente sobre su identidad.

Aquí es donde entra en juego una palabra clave (y muchas veces mal interpretada) como es identidad. A nosotros nos gusta entenderlo como personalidad. Está claro que los grandes centros culturales disponen de recursos que, pequeños espacios, muchos fuera de los entornos urbanos, no poseen. Pero vemos una gran oportunidad en esta evidente desigualdad entre oferta y calidad. Más que intentar gestionar de manera autónoma cada pequeña isla cultural, ¿por qué no compartir experiencias de los casos de éxito con una red mucho más amplia como es la de los miles de centros culturales repartidos a nivel nacional? Seríamos capaces de dibujar un panorama más relevante, práctico y sostenible tomando como ejemplo las referencias que demuestran diariamente su éxito.

Por poner un ejemplo, el nivel de visitas de un centro como La Casa Encendida se ve notablemente nutrido por su oferta de formación en temas no culturales, “contaminando” de visitas inesperadas sus exposiciones, proyecciones y programas culturales que, de otro modo, pasarían mucho más inadvertidos. Sin hablar de la difusión que hace de intérpretes noveles y tendencias musicales, enfrentando a públicos jóvenes a referencias históricas que fueron germen de muchas de estas tendencias. Matadero es otro centro que abre sus espacios a proyectos que vienen del exterior (de “lo social”), convirtiendo el centro en un ente dinámico que se adapta a las necesidades y propuestas sociales.

Creemos necesario expandir nuevos modelos de gestión más allá de las capacidades de los gestores de los centros. Elaborar un modelo de buenas prácticas, establecer un criterio común que asegure una óptima calidad de la oferta y servicios, una guía de reflexiones que sirva de referencia a los equipos de dirección, que pueda crecer y adaptarse a las necesidades y restricciones particulares. Una oportunidad de generar una auténtica identidad.

Una propuesta de modo de funcionamiento que permite el desarrollo de una personalidad propia, donde el modelo de gestión asegura un estándar de calidad, pero que ofrece una programación y servicios adaptados a cada contexto. De esta manera, ofreceríamos de nuevo en estos centros, muchos cuestionados por su escasa relación con la realidad social y las necesidades del ciudadano, en una sociedad marcadamente “conectada”, una visión realista y posible sobre las ágoras del futuro. Creemos que es una idea que merece ser tenida en cuenta.

Texto: David Cano